Por: Revista Derecho | Diego Araque Moreno
Ha fallecido, el pasado 28 de julio, Mario Salazar Marín, una de las figuras más representativas del Derecho penal colombiano, integrante de la pléyade del “Grupo de Medellín”. Abogado de la Universidad de Medellín, graduado en el año 1978. Allí, desde muy temprano, impartió sus enseñanzas a no pocas generaciones de pregrado y posgrado. Durante varios años fue director de la Especialización de Derecho Penal de dicho claustro universitario, bajo cuyo sello editorial se publicó uno de sus últimos libros, dedicado al debatido tema del dolo eventual. Con el paso de los tiempos, desempeñó con honores la Magistratura. Primero, como Juez en lo criminal y, finalmente, como Procurador Delegado ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, no sin antes haberse destacado como Magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín. Muchas de sus decisiones hicieron jurisprudencia y fueron materia de estudio al ser difundidas en las principales revistas jurídicas del país. Bastante prolija fue su producción científica, escribiendo, con estilo de gran jurista, un considerable número de artículos y libros dedicados a los temas más neurálgicos del Derecho penal. Desde sus primeras publicaciones sentó las bases de su “Escuela dialéctica”.
Si alcanzamos a comprenderlo bien, el delito necesariamente debe ser estudiado en su aspecto óntico y desde luego también en su lado normativo, no siendo suficiente solo con una cosa o apenas con la otra, por lo que se hace menester lo uno y lo otro, como punto de encuentro o de equilibrio entre ambos extremos. Siempre enarboló, y defendió a ultranza, un Derecho penal antropológico, garantista, liberal y democrático, fundamentado en la conducta humana, de la mano de la culpabilidad penal. Como pocos, fue original en todas y cada una de sus propuestas, bastante arriesgadas, por cierto. Colocó contra las cuerdas las últimas metodologías de moda que, a medida que pasan los días, se importan muchas veces de forma acrítica en contextos como el nuestro. Quizá, esa fue su principal virtud y aporte al Derecho penal colombiano, a la sazón, construir, con rigor científico y académico, un sistema racional del delito que se ajuste a nuestras propias necesidades, completamente original, de principio a fin, un poco hegeliano en nuestra opinión. Pues, a partir de un concepto unitario, sostuvo que el delito es la realización de un injusto que comprende a la vez la culpabilidad penal, por lo que la estratificación y diferenciación de los distintos componentes de imputación de responsabilidad penal (conducta, tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad) es apenas una cuestión de método.
Por ello el conocimiento de lo ilícito queda comprendido en el injusto mismo, ya que el conocimiento, como fundamento de la responsabilidad penal subjetiva, no es apenas el conocimiento de lo fáctico o del hecho escueto, sin más, sino, antes bien, el conocimiento de lo ilícito en sí mismo de la conducta. Con ello, todo error, inexorablemente, afecta el injusto penal, siendo artificiosa la diferencia entre errores que afectan la tipicidad y errores que enervan la culpabilidad (teoría unitaria del error). Todo lo anterior, como corolario de una sólida fundamentación metodológica, completamente coherente, cuyo pábulo se remonta a la teoría propiamente dicha del conocimiento. En el año 2020, contra su voluntad, pues su figura era más reticente a los honores, como reconocimiento de su grandeza y sus aportes al Derecho penal, se publicó un Libro Homenaje en el que colaboraron algunos de sus discípulos y de sus pares. En el último número de la Revista Derecho, Debates & Personas (Edición #28), publicó su última contribución, dedicada al tema de la conducta como base de la responsabilidad penal. Hasta sus últimos días, como “autor”, y con su editor, amigo y “cómplice”, el Dr. Gustavo Ibáñez, estuvo trabajando en la segunda edición de su Panorama de Derecho Penal. Concepción dialéctica del Derecho penal, dos tomos, cuya obra, como una especie de “curador”, procuraremos cuidar con esmero. Con su partida, el Derecho penal colombiano pierde a uno de sus mejores referentes de todos los tiempos.
¡Hasta pronto Maestro Mario!




