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Para “existir” en el plano material o tradicionalmente denominado real se debe inicialmente ser y luego acogerse al deber ser; lo que pareciera acercarse a una manifestación en “lo real” del paso del mundo de las ideas al de los sentidos que nos mencionó Platón, pero ¿es realmente la sociedad actual una representación fabricada de dicho mundo de las ideas?; de ser así, ¿Qué ocurre entonces con la ley humana y los intereses subjetivos que la interpretan, aplican y sectorizan?

Si es el mundo de los sentidos una representación real de las ideas ¿no debería ser la ley una manifestación material de lo inmaterial?

Esta es una discusión que podría plantearse desde lo actual de nuestra sociedad y no tanto desde la política legislativa que claramente responde a previa determinación de estereotipos sociales y políticos como resultado de las decisiones tomadas por grupos de poder en pro de sus intereses particulares y no como representación material del fundamento de su función, es decir, de la representación de la colectividad que entrega su voto para tener una “voz” que busque la materialización de sus derechos.

Ahora bien, ¿esos estereotipos provienen realmente del mundo de las ideas? ¿es lo que como especie somos y manifestamos ser?; de ser esto así, nos enfrentamos a una revolución descarriada de las ideas inmateriales que se filtran y materializan de formas más misteriosas de lo que realmente queremos ver, miremos:

  1. En “Hacia dónde va el poder punitivo” el profesor Eugenio Raúl Zaffaroni nos advierte que “…la respuesta política que se concreta en legislación es siempre una reacción frente a la demanda que llega cargada con el estereotipo negativo, o sea, con cierta imagen del criminal masivo que se separa de la realidad en diferente medida[1], lo que claramente nos aleja del ideario platónico y nos acerca, al menos en apariencia, a afirmar que la inmaterialidad del derecho objetivo responde realmente a intereses particulares y hasta momentáneos más que a naturaleza abstracta e inmutable;
  2. Los medios de comunicación pueden, a partir de intereses económicos y partidarios, transmutar la información o volcarla a ser conteste de estos y no de los ideales e idearios inmateriales y abstractos que la sociedad busca; realmente, no es el tema del populismo algo nuevo ni desconectado de regímenes autoritarios, de hecho, en “Mi lucha de Adolfo Hitler se lee:

“Nuestro concepto corriente acerca del vocablo “opinión pública” depende en medida muy escasa de nuestra opinión propia, experiencia o conocimientos, y muchísimo más, por el contrario, de lo que se nos pretende hacer creer; esto último se exhibe ante nuestros ojos como la esencia de una tarea educativa persistente y enfática. La mirada política de las multitudes solo divisa el resultado final de lo que ha sido con frecuencia una ardua y penetrante lucha entre el alma y el intelecto”[2]

Siendo así, tanto fue como debió ser Adolfo Hitler, quien si bien no fue el primero y tristemente no será el último, contribuyó en gran medida a la visualización moderna del estereotipo social y criminal; teniendo entonces, que volver la mirada y preguntar ¿es la norma objetiva la materialización del ser de cara a la regulación del deber ser?; y es que clamamos por la protección de la humanidad y los recursos que nos permitan vivir, creando, recreando, alegando y disponiendo derechos a partir de ficciones que ya no sabemos si realmente son o no fruto de nuestra esencia natural y óntica o simplemente del deseo parcializado de acrecentar individualmente nuestras ansias, deseos materiales y económicos, aun cuando las hacemos pasar por colectivas y comunitarias.

Es importante mirar atrás para que lo que “el retrovisor” muestre nos permita cuestionarnos hacia dónde vamos y de dónde venimos; mírese como hoy es claro, por ejemplo, el derecho al voto, pero a principios del siglo XX el movimiento sufragista fue perseguido, estereotipado y hasta criminalizado, cabe preguntarse entonces ¿lo inmaterial humano implica el estereotipo negativo de la mujer y la consecuente materialización de la persecución de quien busca materializar en el mundo de los sentidos sus derechos inmanentes? O es qué ¿las ideas mutan al igual que la realidad a partir del trasfondo social?

Parece esta una discusión eterna y hasta baladí para algunos, pero es realmente la escenificación material de la búsqueda de sentido que a todos nos persigue.

Ahora bien, no es todo negativo, pero si alejado de una idea estática de la inmaterialidad del ser; ya que podría pensarse que algunos sectores traen consigo cargas “humanas” y “humanísticas”, más que la simple materialización de visiones subjetivizadas de lo real y natural que, incluso, también podrían llegar a ser en esencia, parte de las ideas eternas y oníricas del ser.

¿Es entonces la idea realmente estática o, por el contrario, transformadora de realidades? Es esta una cuestión cardinal a la hora de entender la forma en que vemos la vida social y cómo plasmamos aquellas en la visión de regulación que nos planteamos debido a la constante insonorización frente al dolor ajeno que mostramos al girar nuestros rostros o cerrar nuestros ojos frente a las necesidades del otro o, ¿es que también es parte de las ideas ónticas el dolor, el sufrimiento, los estereotipos sociales y la discriminación? De ser así, ¿vale la pena luchar por la igualdad, por erradicar normativa y socialmente la indiferencia y la desigualdad?… tendría que decirse que sí; es esta entonces una lucha constante al mejor estilo de los gladiadores romanos donde muchos estarán en la arena del gran coliseo, más aún en las tribunas pidiendo la muerte y pocos decidiendo si levantan o no el pulgar.

Quizá los seres humanos, especie realmente nueva en la historia conocida y contada del universo, estemos en búsqueda de nuestro propio sentido y lugar y, para ello, recurrimos a ficciones que nos hagan sentir importantes y merecedores del futuro que añoramos tener, no del que nos depare un incierto futuro; aun cuando esto pueda conllevar a que como consecuencia destruyamos al otro y a nuestro mismo entorno al verlo como instrumento o herramienta más que como igual.

De hecho, el mismo autócrata y despreciado Adolf Hitler quien, si se quiere podría ser el mejor ejemplo de un autor mediato dentro de la estructura organizada de poder del andamiaje nacionalsocialista, dijo que:

Hay una cosa que no podemos ni debemos olvidar: una mayoría no puede nunca subsistir al hombre. La mayoría ha sido siempre no solo abogado de la estupidez, sino también abogado de las conductas más cobardes; así como cien mentecatos no suman un hombre listo, tampoco es posible que una resolución heroica provenga de cien cobardes.[3]

Y si al leer esto alguien se siente identificado, es porque quizá en el mundo de las ideas se identifiquen con él tanto o en igual medida a como lo desprecian en el real y terrenal (mundo de los sentidos), ¿será entonces que ¿LO INMATERIAL DEL SER, DEL DEBER SER Y DE LO HUMANO PODRÁ SER ALGÚN DÍA MATERIAL?, o ya lo es y nos resistimos a aceptarlo.

Solo resta decir Humo y Letras, y que el halo grisáceo que desprenda el tabaco nos permita dilucidar esta cuestión para saber si somos, queremos ser, debemos ser o, simplemente… estamos.

[1] ZAFFARONI, Eugenio Raúl. Hacia dónde va el poder punitivo. Sello editorial Universidad de Medellín, Medellín, Antioquia – Colombia, 2009. P. 17

[2] HITLER, Adolfo. Mi lucha. Editoria Solar, Bogotá D. C., 2013. P. 43

[3] Idídem. P. 43.

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