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Érase Una Vez La Soberanía

Érase Una Vez La Soberanía

posted in Artículos de Opinión by Super User

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Autora: Mónica Andrea Avella Herrera

Master 1 en Derecho Internacional de la Universidad Paris 1, Panthéon Sorbonne.
Abogada de la Universidad del Rosario
Miembro del CEID

“La soberanía consiste en potestad absoluta, es decir perfecta y entera de todo punto; y por consiguiente no tiene grado de superioridad, pues el que tiene superior no puede ser supremo y soberano1”

Había una vez la soberanía. Pero ¿quién era la soberanía? Era una hermosa dama que gritando a cuatro vientos por cada país del mundo se ufanaba de ser el espíritu de los Estados. Había una vez la soberanía que se encontró con leyes como la Helmes Burton y fenómenos de migración masivos que empezaron a poner su vigencia y legitimidad en tela de juicio.

 

Muchos teóricos y doctrinantes destacados querían entenderla y explicarla. Es así como Carré de Malberg llega a tres acepciones de soberanía. La primera de ellas, es la soberanía en un sentido originario, que designa el carácter supremo de una potestad plenamente independiente; la segunda de ellas, significa el conjunto de poderes comprendidos en la potestad del Estado y la última sirve para caracterizar la posición que dentro del Estado ocupa el titular supremo de la potestad estatal2. No obstante, hoy por hoy en un mundo globalizado, así suene a cliché de pensador milenario, es importante cuestionarse sobre la actualidad de este concepto. ¿Acaso existe aún la soberanía? o ¿es solo un fantasma como el de Canterville?

Mis intenciones no son tan osadas, como para querer resolver esta importante pregunta. Más bien me limitaré a intentar exponer algunas situaciones que pueden nutrir esta cuestión y alimentar el debate.

 

Por un lado, el argumento de REALPOLITIK se ejemplifica en la existencia del principio universal relativo a la obligación de no intervenir en los asuntos que son de la jurisdicción interna de los Estados3; sin embargo, la realidad nos invita a reflexionar sobre el aparente cumplimiento o la violación flagrante del mencionado principio, lo que conllevaría al desconocimiento de la soberanía de los Estrados. Así pues, podemos ejemplificar esta situación con la ley Helmes Burtton, el caso de la sanción multimillonaria a la entidad financiera BNP PARIS BAS o incluso, la delicada realidad política en que se encuentran Israel y Palestina con el cambio de mandatario en la casa blanca.

 
Ahora bien. ¿Qué sucedió en cada uno de estos casos? La ley Helmes Burton, establecía que cualquier compañía no norteamericana que tuviera tratos con Cuba podía ser sometida a represalias legales, y que sus dirigentes podían ver prohibida su entrada en Estados Unidos. Lo que implicaba que las compañías internacionales debían elegir entre comerciar con Cuba o comerciar con los Estados Unidos, que representa todo un emporio económico y comercial; por otro lado el caso BNP PARISBAS se trató de una sanción multimillonaria que fue impuesta al grupo financiero por realizar transacciones en dólares con Libia, Sudán e Irán. Lo anterior bajo el argumento del embargo que tenía EEUU contra los mencionados países y la imposibilidad de usar su divisa para comercializar con los Estados sujetos a embargo. Esta postura adoptada por EEUU, podría verse como la monopolización de una divisa que en la conferencia de Breton Woods fue designada como estándar para las transacciones financieras internacionales. Lo que implicaría entonces que la reclamación estadounidense sería violatoria no solo de lo convenido en Breton Woods, sino también de la soberanía financiera con que cuentan los Estados y las instituciones que a ellos se suscriben.

 
Finalmente, tenemos el delicado caso del conflicto israelo-palestino, con respecto al cual el primer ministro israelí, Benjamín Netanyah, ha trazado dos grandes líneas rojas para la paz, exigiendo a los palestinos el reconocimiento del Estado judío y el control de la frontera del Jordán como base para cualquier acuerdo4. El apoyo desde la casa blanca a estas imposiciones para negociar la paz implicaría un golpe frontal al reconocimiento de Palestina como Estado y un desconocimiento flagrante de su soberanía.

 
Por otro lado, el debate acerca de la existencia de la soberanía de los Estados, entendida ya no solo como soberanía externa5 sino también como soberanía interna6 se ve permeado por situaciones como el cabildeo de fuerzas productivas o empresas ante los congresos o parlamentos de los países para invitarlos a legislar en favor de sus intereses, que no encarnan exactamente la voluntad general del pueblo como la pensaba Rousseau. Para ejemplificar lo anterior podemos recordar el lobby hecho por las empresas de bebidas azucaradas que en la primera ronda de discusiones en el 2006 logró sacar del proyecto de la reforma tributaria el impuesto de $300 por litro que había planteado el Gobierno7.

 
El tema de la Soberanía Estatal, no es un tema de poca monta, ya que desde una perspectiva humanista podríamos decir que la consolidación de áreas mundializadas8 en torno a los Derechos Humanos, por ejemplo, podría bien justificar el consenso e incluso una cesión parcial de la soberanía en aras de la consecución de un bien superior, que sería la garantía, protección y correcta satisfacción de los derechos humanos. No obstante, y en contraposición se encuentra el derecho legítimo de los Estados a permanecer independientes sin ningún tipo de injerencia o afectación a sus políticas y decisiones. Así pues, por ejemplo el caso de los migrantes se vería inmerso en una dicotomía entre las bondades de las áreas mundializadas y las decisiones estatales legítimas aunque deshumanizadas de no acogerlos en sus territorios.

Read 94 times Last modified on Saturday, 24 August 2019 16:55
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24 07, 19

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