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En Defensa De Macondo

En Defensa De Macondo

posted in Artículos de Opinión by Super User

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Por: Diana Carolina Beltrán
@CeidDiana

Coincidiendo con el aniversario número 50 de la magnífica obra de Gabriel Garcia Márquez, Cien Años de Soledad, Macondo sigue siendo la metáfora constante a la cual nos referimos cada vez que como sociedad nos enfrentamos a un nuevo caso de ilegalidad. Sí, casi con orgullo lo llamamos Macondo, decimos y escribimos “esto solo pasa en “Macondo””, cuando queremos señalar un caso de ilicitud tal, que raya con lo absurdo.

En estos días, con el auge publicitario que ha tomado la corrupción, pues estoy totalmente convencida que ésta siempre ha existido y ahora solo es más visible, la tierra de Macondo también ha sido citada para dar una nueva metáfora a los absurdos índices de corrupción, a la cantidad astronómica de dinero involucrado y a la cada vez más amplia cantidad de funcionarios públicos cuestionados; la tierra de macondo ahora es la tierra de Odebrecht.

Tras la condena a 19 años de prisión del presidente de Odebrecht en Brasil, coincidiendo ésta con la expedición de la ley de corrupción transnacional, el caso de Odebrecht ha resonado en todos los medios de comunicación, pues una vez iniciadas las investigaciones en Colombia, y a pocas semanas que se “destapó” este escándalo, el país ya cuenta con dos ex funcionarios en la cárcel, innumerables investigaciones y declaraciones que comprometen a otros tantos, y de nuevo en la mira, la cuestionable capacidad de persecución del sistema judicial colombiano y la legitimidad del Estado.

 
Tristemente, lo que es hoy en día más sorprendente, no es la cantidad de dinero y personas involucradas en este escándalo, sino la sistematización del fenómeno: se presenta un gran escándalo de corrupción, el gobierno sale abanderado con una nueva propuesta normativa para combatirla, gana algo de popularidad por ello, se expide la norma, y tarde o temprano, quizá más temprano que tarde, sale un nuevo gran escándalo de corrupción. Y es que los altos indicies de corrupción en este país no iniciaron con Odebrecht, como tampoco con los Nule, ni con el contrato de las losas de Transmilenio, este fenómeno se ha constituido dentro de nuestro país como un problema estructural más allá de la cuestionable, a mi criterio, metáfora con Macondo que lo acepta como un fenómeno inherente a nuestra sociedad y le resta gravedad.

Y es que la corrupción no solo está en las grandes obras de este país. Es común que los principales casos mediáticos de corrupción estén relacionados con la construcción de obras, lo que se debe, entre otras razones, a la visibilidad para la ciudadanía de los colapsos de los contratos y a los cuantiosos valores de los mismos. Finalmente, la corrupción en los contratos de obra o concesión de vías, el ciudadano la ve “ahí”, en la puerta de su casa, de camino a su trabajo o estudio, y en el tiempo de más que ahora le cuesta movilizarse.

Ahora bien, ¿y cómo funciona la corrupción en la contratación? De todas la manera inimaginables. Día a día la delincuencia y su “gran ingenio” saldrán a flote para inventar una nueva forma de evadir la ley y concederse favores entre ellos en detrimento de la sociedad; o en los escenarios más cínicos, no tratan si quiera de disimularlo, la corrupción funciona en la cara de todos nosotros. Sin embargo, por lo menos en lo que refiere a la contratación pública, pueden identificarse vacíos normativos que han permitido la materialización de la corrupción.

 
Un escenario de los mencionados vacíos, entre muchos otros, está en de subsanabilidad. La norma parece sencilla, en síntesis, será subsanable todo aquello que no otorgue puntaje. No obstante, en la realidad del día a día de las entidades públicas el vacío del “hasta cuándo” se puede subsanar un requisito, y del “¿eso modifica la oferta?”, es una de las herramientas más usadas en materia de subsanabilidad, para elegir, a discreción del funcionario encargado, quién va a ser adjudicatario de un contrato en un procedimiento público de selección.

 
El anterior, es solo uno de los vacíos que dan paso a actos de corrupción, pero hay un sin número de estrategias: la confección de pliegos a la medida de cierto proponente, el establecimiento de requisitos técnicos, que por su especificad y complejidad técnica no solo están hechos para que solo un proponente en particular pueda cumplirlos sino que, además para que no sean entendibles por los asesores jurídicos. Por otra parte, no siempre es culpa de la entidad, también hay corrupción en la confección de las ofertas, se ilustra lo anterior con los juegos financieros de los proponentes dentro de sus ofertas, quienes, por ejemplo, en los procesos estructurados por precios unitarios, evalúan a partir de su expertis, cuáles son aquellos ítems que serán poco requeridos y les da a estos precios artificialmente bajos. Paralelo a ello, establecen precios sobre dimensionados a aquellos ítems que saben que por la naturaleza de la obra, serán de mayor consumo dentro de la ejecución del contrato. De manera que, en papel, la oferta en general parece ser atractiva y rentable, sin embargo a la hora de ejecutar el contrato cada vez será más costosa para la entidad.

 
Tanta ha sido la atención de la comunidad y el gobierno a la lucha contra la corrupción en los procesos de selección que parecen desconocer que hoy en día la mayor parte de las irregularidades se están presentando es en la ejecución del contrato. Se escucha como una frase común de los proponentes, la postulación de precios bajos, sin llegar a ser artificiosos, con el convencimiento que se les otorgará eventualmente una adición al contrato. Ahora bien, sin desconocer los avances jurisprudenciales respecto de la buena fe contractual, que ha realizado el Consejo de Estado, en el que se traslada la responsabilidad por la estructuración económica de la oferta al contratista, impidiéndole realizar reclamaciones posteriores, sigue siendo esto una constante en la operación contractual de las entidades.

 
Sin embargo, hoy en día parece más preocupante que los altísimos niveles de corrupción, la naturalización del fenómeno. Entiendo la intención de algunos columnistas, de llamar este fenómeno de Odebrecht un nuevo caso de Macondo, pero, en defensa del mágico lugar de Mama Grande y los Buen Día, la metáfora al realismo mágico empieza a suavizar la gravedad de la corrupción, de los asesinatos, de la extorsión, de la muerte por inanición en la infancia, de la entrega del país a una misma elite tradicional y en general, de los graves problemas que aquejan nuestra sociedad. A pesar de lo prometedor de la próxima reforma en materia de transparencia que promete el Gobierno, en defensa de Macondo, es hora de empezar a denunciar, de crear ética desde casa, desde el colegio, desde la Universidad, es hora que la ciudadanía empiece a realizar una lucha frontal a la corrupción, y más importante, un reproche social a la trampa y el engaño.

Read 74 times Last modified on Saturday, 24 August 2019 17:16
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23 07, 19

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