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Un marco te贸rico para identificar los vicios en la motivaci贸n f谩ctica de las sentencias

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Un marco te贸rico para identificar  los vicios en la motivaci贸n f谩ctica de las sentencias

Un marco te贸rico para identificar los vicios en la motivaci贸n f谩ctica de las sentencias

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Juan Igartua Salaverr铆a

I. TRAZANDO COORDENADAS

La identificaci贸n y descripci贸n de los vicios o patolog铆as (palabras que usar茅 indistintamente) de la motivaci贸n tienen, en sede judicial, una utilidad pr谩ctica: posibilitar su control institucional para adoptar, de seguido, las medidas procesales previstas por el ordenamiento. Y siempre con la vista puesta en un objetivo: asegurar un resultado justo. Por tanto, nos parece pertinente enfocar el examen de los vicios teniendo presente ese presupuesto. A tal fin, trazaremos unas l铆neas que acotan la perspectiva que consideramos adecuada.
1. La primera arranca de una constataci贸n: la sentencia es una realidad compleja en cuanto que en ella se articulan dos partes, una decisional (el dispositivo en sentido amplio) y otra argumentativa (la motivaci贸n). Mientras que el dispositivo goza de una autonom铆a funcional y produce efectos aut贸nomos (aunque sean interinos), la motivaci贸n es puramente accesoria al dispositivo.
A) Merced a esta distinci贸n, podemos configurar un control ce帽ido a la motivaci贸n dejando aparte el acierto o desacierto de la decisi贸n. No se trata de un artificio retorcido sino de una distinci贸n perfectamente comprensible. Imaginemos que un juez diga: 鈥淛uan ha matado a Pedro porque as铆 me ha sido revelado en sue帽os鈥. Que Juan haya matado o no a Pedro es una cosa, y otra diversa que valga el argumento de una presunta revelaci贸n on铆rica. Es decir, el juez ha podido llegar a una conclusi贸n correcta vistas las pruebas producidas en el juicio, aunque luego haya fracasado al indicar las razones por las que esa conclusi贸n deba considerarse justa. Quien no acepte la validez de un argumento justificatorio no est谩 negando (ni afirmando) la verdad de un aserto. Si un tribunal negara la verdad del aserto, s铆 se estar铆a entrometiendo en la decisi贸n.
En consecuencia, reconoceremos como plausible diferenciar y separar, respectivamente, el control de la decisi贸n y el control de la motivaci贸n.
B) Si asumimos tal distinci贸n, deberemos separar tambi茅n las patolog铆as espec铆ficas de la decisi贸n y las patolog铆as caracter铆sticas de la motivaci贸n, sin meterlas en un mismo saco; cosa nada infrecuente (quiz谩s con el pretexto de que, a fin de cuentas, todas ellas son patolog铆as de la sentencia). As铆 cuando se concept煤a como 鈥渕otivaci贸n ex silentio鈥 el hecho de que 鈥渓a sentencia guarde silencio o no se pronuncie sobre alguna de las pretensiones鈥 (STC Per煤 21/3/2011), se est谩 aludiendo a una patolog铆a (a una carencia) de la decisi贸n y no de la motivaci贸n (porque no tiene sentido motivar lo que no se ha decidido).
Es cierto que en la parte decisional de una sentencia (que comprende no s贸lo la decisi贸n final sino tambi茅n las decisiones sectoriales) pueden emerger vicios de un corte similar a las cl谩sicas patolog铆as de la motivaci贸n.
Por ejemplo, no es inaudito que en la relaci贸n de hechos probados figuren dos hechos incompatibles entre s铆, en cuyo caso cabr铆a hablar con propiedad de 鈥渄ecisi贸n contradictoria鈥 a semejanza de lo que se entiende por 鈥渕otivaci贸n contradictoria鈥. No obstante, pese a su paralelismo formal, una y otra son distintas desde un punto de vista material (y acarrean quiz谩s consecuencias procesales tambi茅n distintas).
Otro tanto se dir铆a de estas tres formas de 鈥渋ncongruencia鈥. Como se indica en la espa帽ola STC 278/2006: habr铆a una 鈥渋ncongruencia omisiva o ex silentio鈥 si el tribunal 鈥渄eja sin contestar alguna de las pretensiones sometidas a su consideraci贸n siempre que no quepa interpretar el silencio judicial como una desestimaci贸n t谩cita que pueda inducirse del conjunto de razonamientos contenidos en la resoluci贸n鈥; se denomina 鈥渋ncongruencia extra petitum鈥 la del 鈥減ronunciamiento que recae sobre un tema no incluido en las pretensiones鈥; y nos encontrar铆amos ante una 鈥渋ncongruencia por error鈥 cuando 鈥渆l error no afecta a la pretensi贸n sino equivocadamente se razona sobre otra pretensi贸n absolutamente ajena al debate procesal planteado, dejando al mismo tiempo aqu茅lla sin respuesta鈥 (aqu铆 no anduvo fino nuestro TC ya que es la falta de respuesta a la pretensi贸n la que provoca el error; el error no est谩 en el razonamiento del juez sino en la decisi贸n sobre la que equivocadamente 茅l ha determinado razonar).
Huelga subrayar que estas tres clases de incongruencias pueden afligir tambi茅n a la motivaci贸n (si 茅sta argumenta sobre menos que lo decidido o sobre m谩s que lo decidido o sobre cosa distinta de lo decidido), pero sin olvidar que cambia el 谩mbito de referencia. Las incongruencias de la decisi贸n se definen en relaci贸n con el petitum; las incongruencias de la motivaci贸n con respecto al decisum. Por tanto, las carencias de una decisi贸n no pasan a ser carencias de la motivaci贸n. Faltar铆a la motivaci贸n si existe una decisi贸n; cuando no hay decisi贸n, no falta la motivaci贸n por la aplastante raz贸n de que se debe motivar lo que se decide, no lo que no se decide.
2. Una segunda precisi贸n se refiere a la diferente circunstancia seg煤n si la patolog铆a de la motivaci贸n se toma como s铆ntoma o como la enfermedad misma.
Cuando un tribunal que atiende un recurso puede entrar en el fondo y decidir nuevamente sobre la causa, controla lo fundado de la decisi贸n a trav茅s de la motivaci贸n. Situaci贸n distinta es aqu茅lla en la que el control no pasa a trav茅s de la motivaci贸n para llegar a la decisi贸n sino que vierte s贸lo y exclusivamente sobre la motivaci贸n. En el primer caso, el control de la motivaci贸n es un medio para controlar la justicia de la decisi贸n (como ejemplifica el control en apelaci贸n). En el segundo, el control de la motivaci贸n se efect煤a como un fin en s铆 mismo, controlando de ese modo la justificaci贸n formulada en la motivaci贸n (como se retrata el control casacional en materia de hechos) prescindiendo de la correcci贸n o incorrecci贸n de la decisi贸n.
(No pocos ponen en duda que sea posible un control sobre la motivaci贸n sin que ello se traduzca en un re-examen de la decisi贸n. Te贸ricamente s铆 es posible, como sostuvimos hace poco).
3. Dicho lo anterior, conviene dar un paso m谩s porque el control de la motivaci贸n presenta una destacada peculiaridad.
Las normas que prescriben la obligatoriedad de la motivaci贸n no hacen distinguos entre la quaestio iuris y la quaestio facti; tanto una como la otra quedan comprendidas en la susodicha obligaci贸n. Sin embargo, existe una 鈥渁simetr铆a鈥 (Iacoviello 1997:275) en el control casacional de la motivaci贸n seg煤n 茅sta concierna a una decisi贸n sobre el derecho aplicable o a una decisi贸n sobre el hecho tenido por probado. As铆, si la motivaci贸n del derecho aplicado es err贸nea (o incluso falta) pero la decisi贸n es conforme al derecho, el tribunal de casaci贸n rectifica la motivaci贸n pero no casa la sentencia. En cambio, si la motivaci贸n del hecho falta o es contradictoria, el tribunal anular谩 la sentencia aunque la decisi贸n sobre el hecho fuera la justa.
Esto no significa que en casaci贸n no se examine la motivaci贸n de la quaestio iuris ni que las eventuales patolog铆as de 茅sta sean del todo irrelevantes, ya que el mencionado tribunal, como cualquier otro que resuelve recursos, tambi茅n toma en cuenta la motivaci贸n con el fin de interpretar la sentencia recurrida. Se puede pensar, incluso, que si la quaestio iuris est谩 bien motivada, ser谩 poco probable que la sentencia impugnada haya incurrido en violaci贸n de ley; y, viceversa, si se detecta alguna anomal铆a en la resoluci贸n de la quaestio iuris, se descarta seguramente que su motivaci贸n sea correcta. Eso s铆, cuando el tribunal de casaci贸n anula una sentencia lo hace por violaci贸n de la ley sustancial aplicada, no por el solo vicio de motivaci贸n, el cual queda 鈥渁bsorbido鈥 en el error de la decisi贸n.
Por el contrario, el vicio de la motivaci贸n en la quaestio facti posee un protagonismo aut贸nomo puesto que el tribunal de casaci贸n ha de detenerse en ella, no puede inspeccionar la decisi贸n correspondiente.
De este modo, el control casacional queda configurado 鈥搒eg煤n se ha escrito- como 鈥渦n control completo de la Casaci贸n sobre la sentencia impugnada: control sobre la decisi贸n donde eso entre en la funci贸n institucional del tribunal de casaci贸n en cuanto juez de legitimidad, control sobre la motivaci贸n de la decisi贸n all铆 donde se impide el re-examen del m茅rito al tribunal en raz贸n de su funci贸n institucional鈥 (Taruffo 1999:782).
Recapitulando: tras lo visto en los tres apartados, diremos que el prisma desde el que se analizar谩n las patolog铆as de la motivaci贸n es el que se corresponde con un control casacional, en el cual 鈥揷omo se ha subrayado- la motivaci贸n que adquiere una sustantiva autonom铆a es la que concierne a la esfera de los hechos.
Si el objetivo final de la jurisdicci贸n es dar con una resoluci贸n justa, el control sobre la motivaci贸n es, en 煤ltima instancia, la 煤nica garant铆a en asunto de hechos y 煤nicamente en ese asunto (ya que in iure cabe otro control). Y lo tendremos presente a continuaci贸n.


II. NOMBRANDO Y CLASIFICANDO LOS VICIOS

En la literatura dedicada al estudio de la motivaci贸n en las resoluciones judiciales es usual reservar alg煤n espacio (nada generoso, de ordinario) para identificar las patolog铆as que pueden afectarla. Suele tratarse, por lo com煤n, de un l茅xico en el que se ordenan (o simplemente se apilan) una serie de expresiones compuestas por la palabra 鈥渕otivaci贸n鈥 y una calificaci贸n que denota alg煤n d茅ficit (鈥渋ncompleta鈥, 鈥渋nsuficiente鈥, 鈥渃ontradictoria鈥, etc.), acompa帽adas de su respectiva explicaci贸n y, eventualmente, de alg煤n que otro ejemplo. Un esfuerzo de escaso rendimiento, en suma, porque no ayuda a comprender la 鈥渞az贸n鈥 de las patolog铆as que se van definiendo (es decir, por qu茅 son patolog铆as ni cu谩l es su naturaleza); por ejemplo, la expresi贸n 鈥渕otivaci贸n incompleta鈥 servir铆a para denotar patolog铆as tan dispares como la omisi贸n de motivaci贸n sobre un punto del fallo o la omisi贸n de una prueba decisiva en la motivaci贸n. Y no es, ni mucho menos, el 煤nico ejemplo.
Dispondr铆amos, como alternativa, de un manojo de criterios conforme a los cuales construir otras tantas tipolog铆as de los vicios que aquejan a la motivaci贸n. Algo de eso se ha hecho a veces y algo parecido a eso es lo que aqu铆 se har谩; pero tomando como coordenadas unas poco usuales (inspiradas por Iacoviello, 2000:788-799; aunque las manejaremos con bastante libertad) y que tendr铆an como base 鈥搒i vale el s铆mil- la anatom铆a y la fisiolog铆a de la motivaci贸n.
1. Dado que establecer un compendio de los vicios que arruinan o por lo menos flagelan las funciones de la motivaci贸n es un asunto inevitablemente ligado al control institucional (casacional, con preferencia) de la misma, resulta 煤til recordar que en algunos pa铆ses (Italia por ejemplo), ante el reiterado abuso de terminar controlando en casaci贸n el 鈥渕茅rito鈥 (o sea la valoraci贸n de la prueba) so pretexto de controlar 煤nicamente su motivaci贸n, al legislador correspondiente no se le ocurri贸 mejor idea que cerrar cualquier pasillo que permitiera acceder al desarrollo del proceso. De ah铆 esta regla draconiana: el control sobre un posible vicio en la motivaci贸n no puede ser extratextual; o el vicio aparece en el texto mismo de la resoluci贸n impugnada o, de lo contrario, el vicio no existe, quedando vedado todo acceso a las actas del proceso. La reacci贸n doctrinal contra esta medida legislativa no se hizo esperar ya que as铆 no hay manera de controlar importantes patolog铆as de la motivaci贸n. Lo cual requiere alguna aclaraci贸n.
2. Veamos. Tras la finalizaci贸n de un juicio el juez emite la sentencia que corresponda. As铆 las cosas, destacan dos ideas: que el juicio y la sentencia son realidades distintas pero relacionadas; que la sentencia, en tanto que documento, consta de una parte dispositiva (decisi贸n) y de una motivaci贸n.
Con lo que asoma una ineludible doble tarea. Primero, ad intra de la sentencia, justificar que la decisi贸n es la correcta. Segundo, ad extra de la sentencia, asegurar que 茅sta se corresponde con el juicio. Pues bien, la motivaci贸n asume ambos cometidos
A) Lo primero suele aceptarse pac铆ficamente. Es m谩s, el elenco de vicios m谩s habitual en la jurisprudencia y en la doctrina hace preferente hincapi茅 en los defectos de la relaci贸n entre decisi贸n y motivaci贸n.
B) Poco 茅nfasis se pone, en cambio, en sistematizar las carencias que afectan a la motivaci贸n en su conexi贸n con el juicio. Sin embargo, la sentencia no constituye un mundo autorreferencial desgajado de lo acontecido en el juicio. 驴Qu茅 sentido tendr铆a examinar si un juez ha motivado bien o mal la valoraci贸n de unas pruebas que o se han declarado inadmisibles, o no se han producido dentro del proceso, o son una tergiversaci贸n de las pruebas producidas, o no son todas las pruebas decisivas? 驴De qu茅 aprovecha controlar la racionalidad de una sentencia si 茅sta empezara por no respetar lo que ha ocurrido en el proceso, invent谩ndose pruebas inexistentes o escamoteando o manipulando pruebas existentes? No servir铆a de nada.
Por tanto, la motivaci贸n ha de poseer un contenido informativo adem谩s del indiscutido contenido argumentativo; esto es: la motivaci贸n antes que 鈥渏ustificar鈥 (una decisi贸n) debe 鈥渋nformar鈥 indicando fielmente todos los elementos producidos en el proceso que son relevantes para la decisi贸n; por lo que la informaci贸n relevante completa es precondici贸n para la racionalidad de la motivaci贸n. De modo que el control sobre la argumentaci贸n presupone el control sobre la completitud y exactitud de los datos ofrecidos por el proceso (a tal efecto, y si preciso fuere, el Tribunal de casaci贸n habr谩 de confrontar la sentencia con las actas del juicio).
C) Por descontado, las relaciones de la motivaci贸n con (por arriba) la decisi贸n y con (por abajo) el juicio, no debe inducirnos a olvidar que la motivaci贸n ha de tener en s铆 misma una consistencia discursiva l贸gica. Si no la tiene, emerger谩n algunas patolog铆as espec铆ficas.
3. Fijados estos tres puntos de vista, desde los cuales enfocar y clasificar los respectivos cuadros de patolog铆as, estar铆amos ya en grado de adelantar (sin merma de un posterior an谩lisis m谩s particularizado) los principales vicios que incluiremos en las tres r煤bricas.
A) Por lo que ata帽e a las decisiones, se pondr谩n de relieve las motivaciones omitidas (en cuanto son abiertamente inexistentes o aparentes nada m谩s), las motivaciones incompletas (en el sentido de que justifican unas decisiones pero omiten justificar otras), algunas pr谩cticas fraudulentas de m茅todos motivatorios (en principio leg铆timos) que 鈥揺n funci贸n de su magnitud- abocan bien a motivaciones omitidas o, cuando menos, a motivaciones incompletas, y, por fin las motivaciones incongruentes y hasta contradictorias.
B) En lo que respecta a los datos del juicio que deben reflejarse en la motivaci贸n, o sea al componente informativo de 茅sta, se destacar谩n las patolog铆as que afectan a la veracidad y a la completitud de la informaci贸n pertinente para nutrir el discurso motivatorio; fundamentalmente 茅stas: la insuficiente descripci贸n de los medios de prueba, la falta de explicaci贸n sobre la atendibilidad reconocida a unos medios de prueba s铆 y a otros no, la alteraci贸n de la prueba producida y la omisi贸n de una prueba decisiva.
C) Finalmente, en lo que concierne a la trama argumentativa de la motivaci贸n en s铆 misma, es decir a su circunscrita realidad, se se帽alar谩n las patolog铆as que arruinan o al menos debilitan la racionalidad de la argumentaci贸n, tales como la motivaci贸n il贸gica y la motivaci贸n insuficiente.
Puede dar la impresi贸n de que este triple inventario de vicios se queda muy corto respecto de los numerosos y variad铆simos nombres con que suelen etiquetarse las deficiencias de y en la motivaci贸n (motivaci贸n ex silentio, motivaci贸n oscura, motivaci贸n extravagante, motivaci贸n ficticia, etc., etc.). Dar cuenta de todas ellas desbordar铆a largamente el espacio aqu铆 disponible. S贸lo hay lugar para las m谩s importantes. En cualquier caso, no obstante, cantidad de ellas son reconducibles a la n贸mina que hemos anticipado, como habr谩 ocasi贸n de comprobar.


III. VICIOS QUE AFECTAN A LA RELACION ENTRE 鈥淢OTIVACI脫N鈥 Y 鈥淒ECISI脫N鈥

En su momento avanzamos la idea de que toda decisi贸n ha de ser motivada. Sin embargo, a veces sucede que la decisi贸n no est谩 motivada o no lo est谩 del todo; es decir que hay una omisi贸n total de motivaci贸n o una omisi贸n parcial de motivaci贸n (conocida tambi茅n como 鈥渕otivaci贸n incompleta鈥).
La omisi贸n recubre fen贸menos de diferente naturaleza. Para hacernos cargo de ello, comenzaremos distinguiendo la motivaci贸n formal y la motivaci贸n sustan卢cial. La primera (la formal) est谩 constituida por enunciados colocados topo卢gr谩ficamente en la parte que la sentencia dedica a la motivaci贸n. La segunda (la sustancial) se compone de enunciados cuyo contenido asume, directa o indirectamente, una funci贸n justificatoria de lo que se haya decidido. O sea, la motivaci贸n formal es condici贸n necesaria pero no suficiente para que tambi茅n haya una motivaci贸n sustancial; sin motivaci贸n formal no hay motivaci贸n sustancial, pero 茅sta supone un plus respecto de aqu茅lla puesto que la motivaci贸n formal puede ser s贸lo aparente. Por tanto, la existencia de la motivaci贸n formal exige la presencia de enunciados (presuntamente justifi卢catorios), en tanto que la existencia de la motivaci贸n sustancial se basa en los significados (realmente justificatorios) de los enunciados formulados.
1. De lo dicho, c贸modamente se infiere que son dos los g茅neros de omisi贸n a destacar: formal y sustancial respectivamente.
A) La omisi贸n formal de la motivaci贸n se produce cuando la sentencia consta s贸lo de una parte dispositiva, sin que en ella haya rastro de prosa supuestamente motivatoria. Es el vicio m谩s clamoroso y, al mismo tiempo, el de mayor infrecuencia. Por ello, la conjugaci贸n de ambos aspectos -descaro y rareza- nos eximen de explayarnos sobre esta flagrante modalidad de omisi贸n.
B) De m谩s compleja detecci贸n se revelan las situaciones reconducibles a la omisi贸n sustancial. Las versiones de 茅sta m谩s recurrentes en la jurisprudencia son la motivaci贸n parcial, as铆 como los usos esp煤reos de la motivaci贸n impl铆cita y la motivaci贸n per relationem (cfr. Taruffo 1999:785). Consider茅moslas por separado.
2. Topamos con una motivaci贸n parcial cuando no se satisface el requisito de la 鈥渃ompletitud鈥 (esbozada hace poco); o sea cuando no se justifica(n) alguna(s) decisi贸n(es) sectorial(es) que prepara(n) y condi卢ciona(n) la resoluci贸n final. Al respecto, distan de ser ins贸litas las sentencias pr贸digas en argumentos atinentes a la 鈥渜uaestio iuris鈥 y, sin embargo, mudas o expeditivas (merced a f贸rmulas estereotipadas) en lo tocante a la 鈥渜uaestio facti鈥 (o a medulares aspectos de 茅sta). H谩bito parecido suele afectar tambi茅n a la individualizaci贸n de consecuencias y seguramente -aunque con fre卢cuencia m谩s espaciada- a otro tipo de decisiones (no obstante su reflejo en el fallo conclusivo).
3. Como se sabe, la denominada motivaci贸n impl铆cita consiste sint茅ticamente en suponer que, cuando no se enuncian las razones que fundan una decisi贸n, 茅sas se infieren de las razones que acompa帽an a alguna otra decisi贸n tomada por el juez. As铆, si el 贸rgano judicial otorga credibilidad al testimonio de Pedro (aduciendo que 茅ste no mantiene vinculaci贸n, ni para bien ni para mal, con el acusado) pero se la deniega a la declaraci贸n de Pablo, consuegro y socio capitalista del imputado (sin adjuntar un triste motivo), las razones de esa desconfianza se deducen de las razones que militan a favor de lo testificado por Pedro. Y eso se revela tan luminosamente razonable que obliga a bajar cualquier mirada cr铆tica a ese respecto.
No obstante, hay un uso muy socorrido de motivaci贸n impl铆cita que se embala hacia una omisi贸n pura y simple. Tal acaece cuando el argumento que justifica una opci贸n tomada no faculta derivar las razones que fundamen卢tar铆an la exclusi贸n de otra opci贸n alternativa. Imaginemos, por poner algo, que Pedro haya muerto a causa de un 煤nico y certero disparo en el entrecejo y que Pablo es acusado del hecho porque un testigo, honesto y desinteresado, asegura haberlo visto. Pero si la defensa arguye, documentadamente, que Pablo sufre de parkinson y es muy improbable que una mano con pulso tembloroso pueda colocar un balazo tan certero, la credibilidad otorgada al testimonio acusatorio deja intacta la necesidad de rebatir expresamente el argumento del abogado defensor, porque las razones esgrimidas para conferir sinceridad al testigo no aniquilan per se el valor de los certificados m茅dicos ni de lo que de 茅stos quepa extraer.
Empero, por desgracia, a menudo se adultera la motivaci贸n impl铆cita hasta el extremo de un manejo tan basto como 茅ste: si el juez declara la culpabilidad del acusado aceptando los argumentos o pruebas de la acusaci贸n, eo ipso debe inferirse que impl铆citamente est谩 rechazando los argumentos o pruebas tendentes a una resoluci贸n absolutoria.
4. Estar铆amos ante una motivaci贸n per relationem cuando el juez, al tomar una decisi贸n respecto de alg煤n punto controvertido, no elabora una justificaci贸n aut贸noma ad hoc sino remite a las razones contenidas en otra sentencia, lo cual no tiene, en principio, por qu茅 suscitar ninguna prevenci贸n.
Es cierto que la relatio a veces se presta a alg煤n abuso mareante, como acontece con la motivaci贸n 鈥渕atrioska鈥 (una sentencia remite a la motivaci贸n de otra sentencia, la cual reenv铆a al razonamiento de una tercera sentencia, y as铆 sucesivamente); o a alguna trapacer铆a ret贸rica, como cuando el objeto de la relatio no es la verdadera 鈥渞atio decidendi鈥 de la sentencia invocada sino una afirmaci贸n que se deja caer por si acaso y no estrictamente pertinente a la decisi贸n que debe justificarse. Con todo, las deficiencias apuntadas (y otras de porte similar) no pasan de ser menudencias en comparaci贸n con una forma gruesa de motivaci贸n omitida; alarmante no tanto por su desprop贸sito cuanto por la buena conciencia de la que suele acompa帽arse.
Nos referimos a esa pr谩ctica difundida -mansa y apacible- de remisi贸n escueta al razonamiento de la sentencia cuya impugnaci贸n constituye precisamente el objeto del recurso. Pues bien, a despecho de este uso (de este abuso ser铆a m谩s propio decir) al que se presta la motivaci贸n per relationem, existe una contundente contrain卢dicaci贸n que lo deja fuera de combate. Una sentencia recurrida no puede convertirse en la soluci贸n del recurso porque, al ser ella misma objeto del recurso, es el problema a resolver. Es decir, el recurrente intenta provocar un novum iudicium con vistas a la reforma de la sentencia recurrida; de modo que negar la obligatoriedad de una motivaci贸n expl铆cita ad hoc significar铆a pervertir la l贸gica misma del recurso; pues en 茅ste 鈥渘o se trata sencillamente de una reproducci贸n de los planteamientos de la primera instancia sino de la impug卢naci贸n de una sentencia. El recurrente no pretende la modificaci贸n del statu quo anterior al litigio sino el de la sentencia impugnada que ha introducido por s铆 misma un nuevo statu quo. Si la sentencia superior nada dice por su parte, ha burlado el derecho del recurrente a obtener una respuesta fundada鈥 (Nieto 2000:287).
5. Numerosas patolog铆as que se designan mediante denominaciones de lo m谩s variado, no dejan de ser variantes de algunas que acabamos de contemplar; y preferentemente de la 鈥渙misi贸n (o incompletitud) sustancial鈥. Veamos si no. La 鈥渕otivaci贸n aparente鈥 (aqu茅lla que da cumplimiento formal al mandato de motivar pero ampar谩ndose en frases sin sustento argumentativo) es una muestra de omisi贸n sustancial; lo mismo que la 鈥渕otivaci贸n ficticia鈥 (la que no expresa verdaderos argumentos dotados de consistencia l贸gica o que, de todos modos, no expresa, disimula y no justifica las opciones decisionales del juez); o que la 鈥渕otivaci贸n incongruente鈥 (la que usa argumentos no pertinentes respecto de las aserciones que deben ser justificadas); o que la 鈥渕otivaci贸n contradictoria鈥 (cuando la contradicci贸n reside en el contraste entre motivaci贸n y dispositivo); o que la 鈥渕otivaci贸n oscura鈥 (aquella cuyo tenor literal no permite conocer cu谩les son los argumentos que justifican la decisi贸n); o que la 鈥渕otivaci贸n plet贸rica鈥 (la que est谩 cargada de obiter dicta y divagaciones doctrinales); etc茅tera.

IV. VICIOS QUE AFECTAN A LA PARTE INFORMATIVA DE LA MOTIVACI脫N

Para que no se produzca una fractura entre sentencia y proceso, antes se enfatiz贸 la necesidad de que la motivaci贸n reflejara la informaci贸n relevante que proviene de la celebraci贸n del juicio. Es m谩s, se dijo que una cumplida informaci贸n (completa y veraz) de lo all铆 acontecido era una precondici贸n del car谩cter l贸gico de la motivaci贸n.
La inobservancia de tal condici贸n previa provoca, naturalmente, la aparici贸n de determinadas patolog铆as. No extra帽e si, acaso, a algunas de ellas las denominamos con t茅rminos ya usados en el contexto anterior. Pongamos por caso la expresi贸n 鈥渕otivaci贸n incompleta鈥, que es igual de apta para designar las carencias de 鈥渏ustificaci贸n鈥 (es decir, cuando la motivaci贸n no justifica todos los elementos de la decisi贸n) como las carencias de 鈥渋nformaci贸n鈥 (o sea, si se silencian algunos datos relevantes del juicio), aun trat谩ndose de carencias heterog茅neas entre s铆. Pero lo importante no es saber c贸mo se llaman las patolog铆as sino saber en qu茅 consisten en funci贸n de los diversos contextos (esto es, saber en cada momento de qu茅 se est谩 hablando).
1. Lo m谩s b谩sico en una motivaci贸n f谩ctica 鈥搒eg煤n vimos en la cuesti贸n anterior- es que en ella se describan las pruebas (producidas en el juicio) que justifican por qu茅 el juez ha decidido dar por probados tales o cuales hechos. De lo contrario 鈥揹e conformidad con lo que antes convinimos- nos encontrar铆amos ante una motivaci贸n 鈥渙mitida鈥 de la decisi贸n (si no se indican las pruebas relativas a ninguno de los hechos probados) o ante una motivaci贸n 鈥渋ncompleta鈥 de la decisi贸n (si no se indican las pruebas referentes a alguno de los hechos probados). Esto lo damos por sentado.
Ahora bien, 驴qu茅 informaci贸n ha de contener la descripci贸n de las 鈥減ruebas鈥? Sabemos que en la teor铆a jur铆dica se distinguen diversos usos de la palabra 鈥減rueba鈥 seg煤n 茅sta se asocie con el t茅rmino 鈥渇uente鈥 (fuente de prueba: el o lo que es id贸neo para aportar una informaci贸n relativa a los hechos de la causa), con el t茅rmino 鈥渕edio鈥 (medio de prueba: el instrumento mediante el que, en el proceso, se obtiene una informaci贸n) o con el t茅rmino 鈥渆lemento鈥 (elemento de prueba: la informaci贸n obtenida). Obviamente, el contenido de la descripci贸n variar谩 en funci贸n de cu谩l de las tres es la acepci贸n de 鈥減rueba鈥 que haya de retenerse. Y est谩 muy extendida la orientaci贸n jurisprudencial que considera suficiente con que en la motivaci贸n conste la mera indicaci贸n de los medios de prueba. Lo cual resulta extra帽o; pues si no se explicita la informaci贸n pertinente (o sea, el elemento de prueba) que vehicula un determinado medio, no se sabe siquiera si 茅ste es prueba de algo (pues, a palo seco, no consta qu茅 relaci贸n mantiene, ni si tiene alguna, con el hecho al que pretende servir de prueba). Es por eso que acierta de lleno la LEC espa帽ola (ley procesal m谩s moderna en el pa铆s) al utilizar en su art. 218.2 鈥搉o sabemos si con intenci贸n o sin ella- la palabra 鈥渆lementos鈥 (鈥淟a motivaci贸n deber谩 incidir en los distintos elementos f谩cticos y jur铆dicos del pleito鈥).
De modo que si la motivaci贸n contuviera s贸lo la enumeraci贸n de los medios de prueba, deber铆a ser tildada 鈥揺n el mejor de los casos- de 鈥渕otivaci贸n insuficiente鈥.
2. La patolog铆a denunciada se convierte en eficaz aliada para enmascarar una nueva y distinta patolog铆a, que da lugar a lo que cabr铆a llamar 鈥渕otivaci贸n falseada鈥. En efecto, cuando no se explicita el contenido (el elemento) de la prueba, es relativamente f谩cil alterar el signo de un medio de prueba (consider谩ndolo inculpatorio cuando en realidad era exculpatorio) o dejar presuponer que un declarante dijo lo que en verdad no dijo, etc.; falsedad que s贸lo es detectable accediendo a las actas del juicio.
Evidentemente, la falsedad alcanza alturas estratosf茅ricas si concierne incluso a la existencia del medio de prueba (refiri茅ndose p.ej. a la declaraci贸n bajo juramento de un testigo que, en realidad, no existi贸 ni pudo existir porque el presunto declarante hab铆a fallecido 17 a帽os antes 鈥揷omo sucedi贸 en el italiano caso Sofri-). Para denominar semejante patolog铆a quiz谩s convendr铆a acu帽ar la expresi贸n de 鈥渕otivaci贸n fabulada鈥.
3. Ahora bien, con la descripci贸n fiel de los 鈥渆lementos鈥 de prueba no acaba todo. Porque el juez habr谩 de realizar una criba entre ellos, discriminando los que son atendibles y los que no lo son, puesto que en la prueba de los hechos s贸lo cuentan los elementos que merezcan ser atendidos. Y cu谩les de los elementos han pasado tal acreditaci贸n y cu谩les no es una informaci贸n que debe trasladarse a la motivaci贸n.
Sin embargo, puede suceder que, de esa relaci贸n de medios de prueba atendibles, haya quedado excluido un medio de prueba relevante sin que el juez explique por qu茅. Esa exclusi贸n sin explicaci贸n producir铆a otra forma de patolog铆a de la motivaci贸n, consistente en la omisi贸n de una prueba decisiva a los fines de declarar un hecho como probado; lo que dar铆a lugar 鈥損or m铆mesis con un criterio que hemos utilizado ya en otro contexto- a una 鈥渕otivaci贸n incompleta鈥. De esa 煤ltima patolog铆a habr谩 ocasi贸n habr谩 ocasi贸n de hablar aut贸nomamente con m谩s detenimiento un poco m谩s abajo.
A) A menudo suele equiparase esta patolog铆a con las dos anteriores (la 鈥渕otivaci贸n falseada鈥 y la 鈥渕otivaci贸n fabulada鈥, las cu谩les s铆 comparten un denominador com煤n). Sin embargo, se trata de vicios diferentes. Tanto en la 鈥渁lteraci贸n鈥 del contenido de un medio de prueba como en su 鈥渋nvenci贸n鈥 se introduce en la motivaci贸n una informaci贸n que no existe en el proceso. En cambio, en la 鈥渙misi贸n鈥 de una prueba decisiva se sustrae de la motivaci贸n una informaci贸n que s铆 existe en el proceso. En el primer caso, se viola la obligaci贸n de atenerse s贸lo a los datos probatorios leg铆timamente adquiridos. En el segundo, se infringe el derecho a la prueba, entendido no s贸lo como el derecho de las partes a aportar cuantas pruebas estimen oportunas en apoyo de sus pretensiones sino, tambi茅n, como el derecho a que el juez valore las pruebas presentadas, pues carecer铆a de toda l贸gica obligar al 贸rgano juzgador a recibir determinadas pruebas si luego se le autoriza a ignorarlas por completo; es decir, el derecho a la prueba se desglosa en dos derechos: el derecho a que sean admitidas las pruebas pertinentes y el derecho a que 茅sas sean valoradas (extremo no garantizado en una sentencia cuya motivaci贸n omite la valoraci贸n que han merecido). Y son distintos, igualmente, los valores a salvaguardar en ambas situaciones: en la primera, la 鈥渓egalidad de la prueba鈥; en la segunda, la 鈥渞acionalidad dial茅ctica鈥 del recorrido decisional-argumentativo (Iacoviello 2000:793).
B) Por ello, se comprende a la perfecci贸n que en algunos ordenamientos (debiera ser en todos) se imponga al juez la tarea de explicar por qu茅 no retiene atendibles las pruebas contrarias. A este prop贸sito, se hace dif铆cil pensar c贸mo un sistema que 鈥渁braza una epistemolog铆a falsacionista y exalta la dial茅ctica del contradictorio鈥 (Iacoviello 1997:287-288), como tambi茅n es el espa帽ol, pueda dejar en la indefinici贸n aspectos tan determinantes para garantizar tales valores fundamentales.
Y para salir al paso de la falsa impresi贸n de un juez agobiado por la obligaci贸n de confutar todos los argumentos que provengan de la acusaci贸n o de la defensa (隆y que no se le escape ninguno!), vayan por delante una triada de precisiones.
Primero, en la dial茅ctica probatoria se da un intercambio de elementos de prueba y de argumentos. Una cosa es un elemento o prueba (p.ej. el testimonio de Juan) y otra los argumentos (p.ej. para sostener la atendibilidad de ese testigo). A las pruebas se les contrapone las contrapruebas y a los argumentos los contrargumentos. Pues bien, para que la motivaci贸n sea completa es necesario que el juez se haga eco en ella de las contrapruebas, no de los contraargumentos.
En segundo lugar, no debe olvidarse de que existe un uso leg铆timo de la motivaci贸n impl铆cita, de tal suerte que los mismos criterios que sirven para acreditar como atendibles a unos determinados medios de prueba sirven tambi茅n para desacreditar a los opuestos.
En tercer t茅rmino, la omisi贸n se refiere s贸lo a una contraprueba decisiva; es decir a aquella prueba contraria que, si se hubiera valorado como atendible, conducir铆a a un resultado probatorio distinto. Y de eso toca hablar ahora.
C) Como ya indiqu茅 algo m谩s arriba, la cuesti贸n relativa a la 鈥渧aloraci贸n omitida de una prueba decisiva鈥 merece, por particularmente insidiosa, un tratamiento m谩s individualizado.
a) La f贸rmula 鈥渧aloraci贸n omitida de una prueba decisiva鈥 (entendiendo por 鈥渄ecisiva鈥 la prueba en virtud de la cual podr铆a cambiar el signo de la decisi贸n f谩ctica) nos ofrece una estimulante invitaci贸n para una pesquisa que, en esta sede, no debe soslayarse. Pero a condici贸n de que tengamos presente que son dos los enclaves en los que comparece la expresi贸n mencionada. En efecto, la omisi贸n referida a la 鈥減rueba decisiva鈥 puede afectar a dos cosas bien distintas: la primera, a la admisi贸n de una prueba decisiva (durante el juicio); la segunda, a la motivaci贸n sobre una prueba decisiva (en el texto de la sentencia). Aqu铆 nos interesa lo 煤ltimo: la motivaci贸n omitida sobre una prueba decisiva. Incluso en esa segunda parcela cabr铆a catalogar hasta tres particularizadas formas de omisi贸n: una, cuando en la sentencia no se menciona la prueba decisiva; dos, cuando hay menci贸n pero no se valora la prueba decisiva; tres, cuando se menciona y se valora la prueba decisiva pero no se justifica tal valoraci贸n. No obstante, hagamos tabla rasa de estas tres especies diferentes para evitarnos complicaciones que aqu铆 y ahora ser铆an dispendiosas.
b) La usual e indistintamente denominada 鈥渧aloraci贸n omitida de una prueba decisiva鈥 o 鈥渕otivaci贸n omitida de una prueba decisiva鈥 es proverbial entre las patolog铆as de la motivaci贸n que se asignan al control de los tribunales de casaci贸n, pues -como se sabe- en materia de valoraci贸n de pruebas, el control sobre su aneja y obligada motivaci贸n es el 煤nico para el que est谩n facultados los tribunales supremos (en apelaci贸n tal control no pasa de accesorio). Por tanto, la casaci贸n ser铆a el escenario id贸neo para afinar las herramientas te贸rico-conceptuales 煤tiles a tal fin.
Parad贸jicamente sin embargo, y en lo que toca al control de la 鈥減rueba decisiva鈥, la casaci贸n parecer铆a llevar inscrita la marca de su propia negaci贸n, ya que determinar si una prueba es o no decisiva presupondr铆a su previa valoraci贸n (谩mbito en el que, por pertenecer al 鈥渕茅rito鈥, los tribunales supremos no puede entrar). Y ese es el argumento de fondo que con frecuencia se emplea para anular la validez del citado control y, de paso, mostrar pasividad ante tan ostentoso vicio. Digo 鈥渄e fondo鈥 porque, si bien no se excluye abiertamente (todo lo contrario) la competencia casacional en orden a detectar eventuales omisiones en la valoraci贸n de pruebas decisivas, finalmente (mediante cierta argucia un tanto alambicada) resultar谩 que s铆. Sirva de ilustraci贸n, si no, esta muestra (la que tengo a mano): el recurrente hab铆a alegado ante la Corte Suprema de su pa铆s (Nicaragua) que en la sentencia condenatoria (por haber disparado dolosamente contra un compa帽ero) hubo 鈥渇alta de apreciaci贸n鈥 de las declaraciones de cuatro testigos presenciales confirmatorias de la involuntariedad del disparo; a lo que el mencionado tribunal respondi贸 (sentencia 41/2007) que: 鈥淓sta Sala no puede corregir un pretendido error sobre el examen y la evaluaci贸n de los medios de prueba (鈥); todo ello es materia que resuelve definitivamente el tribunal cognitivo o de sentencia y que a la Corte Suprema le est谩 vedada鈥. 鈥淒ebemos dejar claro, este motivo tiene su alcance en los casos en que el juez o tribunal omita valorar alguna de las pruebas decisivas oportunamente introducidas en el debate del juicio que servir谩n posteriormente para fundamentar su fallo鈥, pero 鈥渓a falta de valoraci贸n que aduce el recurrente, no es as铆 de la manera en que la plantea; todas las pruebas fueron valoradas en su conjunto por el judicial y as铆 consta en la sentencia condenatoria鈥 (cursivas m铆as). La trampa argumental es descarada: como el tribunal de instancia afirma (aunque no muestre) haber introducido en el turmix de una impresionista 鈥渧aloraci贸n conjunta鈥 todas las pruebas, carece de sentido cualquier reclamaci贸n en base al presunto valor 鈥渄ecisivo鈥 de una prueba individualizada. O sea, la 鈥渄ecisividad鈥 de una prueba queda a expensas del resultado de su conjunta valoraci贸n con el resto de las pruebas; y como esta 煤ltima es de exclusiva incumbencia de los tribunales de instancia鈥 (la conclusi贸n est谩 servida). En congruencia con los aires de semejante atm贸sfera, nada extra帽a que recurrir una resoluci贸n judicial (p.ej. por haberse omitido en ella valorar unas actas de procesos administrativos) sea interpretado por el tribunal que resuelve el recurso (esta vez el Tribunal Constitucional de Per煤, sentencia de 26/06/2014) como un alegato evidente de que 鈥渓o que en realidad pretende el demandante es un reexamen de la valoraci贸n probatoria contenida en la resoluci贸n cuestionada鈥. Es decir, denunciar la valoraci贸n omitida de una prueba decisiva no pasar铆a de ser una estratagema filistea para exigir lo que no es debido. Pues no, en rigor no es esa la sustancia del recurso (aun cuando fuera eso lo que en su fuero interno busca el recurrente y de lo que a la postre se trata): no se pide que se examine por segunda vez (o sea, un 鈥渞eexamen鈥 de) la valoraci贸n del cuadro probatorio sino que se obligue al tribunal de instancia a explicar, por vez primera, por qu茅 esa prueba (que el recurrente estima 鈥渄ecisiva鈥) carece de incidencia sobre la decisi贸n finalmente adoptada por el tribunal.
Pues bien, en este 鈥揳 mi juicio- quid pro quo sobre la 鈥渄ecisividad鈥 de una prueba cuya valoraci贸n se omite late un malentendido que (por comprensible) es m谩s urgente erradicar. Aunque nos choque por contraintuitivo, el problema sobre la 鈥渧aloraci贸n omitida鈥 de una prueba decisiva no es de naturaleza valorativa sino l贸gica (en el sentido que intentar茅 aclarar ahora mismo dando un peque帽o rodeo).
c) Con trazos breves y nomenclatura quiz谩s discutible (pues no existe consenso en cuanto a terminolog铆a) dise帽ar茅 un itinerario discursivo escalonado con el fin de ganar algo m谩s de claridad.
De entrada, cualquier elemento (documento, objeto, declaraci贸n, etc.) con pretensiones de constituirse en 鈥減rueba鈥 tendr谩 que ser acreditado como fiable.
Ahora bien, nunca un elemento acreditado es prueba en s铆, siempre es prueba de otra cosa (la que haya de probarse). Por tanto, el concepto de 鈥減rueba鈥 tiene una inevitable connotaci贸n relacional.
Es en ese contexto donde cobra sentido el predicado de la pertinencia de una prueba. Una prueba es pertinente si se entrev茅 que es potencialmente 煤til para la reconstrucci贸n de un hecho con el que aqu茅lla se pone en relaci贸n. O sea, una prueba no es pertinente de por s铆, es el hecho al que 茅sa apunta el que le confiere pertinencia.
Un paso m谩s. Las pruebas pertinentes no son todas iguales: unas merecen la consideraci贸n de 鈥渞elevantes鈥 y otras no dan esa talla. Ahora bien, tampoco ahora, la relevancia radica en alguna intr铆nseca propiedad de la prueba (p.ej. que se trate de una prueba 鈥渄irecta鈥) sino en una caracter铆stica del hecho con el que aqu茅lla entra en conexi贸n: el hecho ha de ser 鈥渋mportante鈥.
Sin embargo, no todos los hechos importantes lo son en la misma medida. Pero el grado de importancia de un hecho no depende del hecho mismo sino de la funci贸n que 茅ste desempe帽e respecto de la decisi贸n final. Si un hecho es potencialmente apto para marcar o para modificar el signo de la decisi贸n final ser谩 considerado como 鈥渄ecisivo鈥; y la prueba que 鈥揺lla sola o en combinaci贸n con otras- lo sustenta merecer谩 tambi茅n la consideraci贸n de 鈥減rueba decisiva鈥 (debiendo destacarse que 鈥揷omo se observa- la 鈥渄ecisividad鈥 de una prueba no reside en ella misma).
Y todo ello sin perder de vista cu谩l es el est谩ndar de prueba requerido en cada circunstancia: de manera que, para absolver, ser谩 decisiva la prueba que proyecte la sombra de una duda razonable sobre la culpabilidad del acusado, y eso bastar谩; mientras que, para condenar, la prueba decisiva habr谩 de excluir la flotante nube de cualquier duda razonable, como condici贸n imprescindible. Por lo que se invita a tomar con cautela palabras (usaderas s铆 en 谩mbitos referidos a la 鈥渞elaci贸n de causalidad鈥 pero impropias para este contexto) como 茅stas de la Corte Suprema de Per煤 (sentencia 07/2010): 鈥淨ue para apreciar si la prueba omitida es decisiva, se acude al m茅todo de la supresi贸n hipot茅tica: la prueba ser谩 decisiva, y su validez afectar谩 de manera fundamental a la motivaci贸n cuando 鈥搒i mentalmente se la repusiera- las conclusiones hubieran sido necesariamente distintas鈥 (cursivas m铆as).
d) Pocas cavilaciones requiere inferir que habr谩 de ser el propio reclamante quien explique por qu茅 la prueba (cuya valoraci贸n se omite) resultar铆a decisiva. Luego, el tribunal de casaci贸n examinar谩 el recorrido argumental del recurso. Pero 驴c贸mo?
Tengamos presente que, en una sentencia impugnada, la omisi贸n de la prueba que el recurrente estima decisiva puede deberse: bien a que el tribunal de instancia no la ha tomado por 鈥渄ecisiva鈥, o bien a que ni siquiera la considera 鈥減rueba鈥 (por ser incierto o poco fiable el elemento que pretende valer como prueba) y en consecuencia ni la menciona. Ser铆an precisos, por tanto, dos an谩lisis: el uno sobre la decisividad de la prueba, el otro sobre la fiabilidad de la prueba (Iacoviello 2013:393-395).
As铆 las cosas, proceder铆a actuar de la siguiente manera: primero, conceder provisionalmente que la prueba es atendible y analizar si -a la luz de lo que se argumenta en el recurso- la prueba resultar铆a decisiva (cuando menos para suscitar una duda razonable); si la conclusi贸n es negativa, asunto zanjado. Si es afirmativa, se pasa a un segundo momento indagando si en la sentencia recurrida hay pistas, expl铆citas o impl铆citas, de las razones por las que el tribunal ha tenido por inatendible el elemento de prueba concernido; si las hay, no ha existido omisi贸n; de lo contrario, estar铆amos ante un caso de valoraci贸n omitida de una 鈥減rueba decisiva鈥.

V. LOS VICIOS EN EL DISCURSO ARGUMENTATIVO MISMO

Supongamos que la motivaci贸n puesta bajo control ofrezca una justificaci贸n de todos los puntos de los que consta la parte decisional de la sentencia; imaginemos tambi茅n que la motivaci贸n recoge igualmente todos los datos pertinentes que provienen del juicio; pues bien, a煤n quedar铆a otro aspecto por examinar. Es decir, asegurada la 鈥渃ompletitud de la justificaci贸n鈥 y la 鈥渧erdad de la informaci贸n鈥, quedar铆a pendiente asegurarse de la 鈥渞acionalidad de la argumentaci贸n鈥 considerada en s铆 misma (Iacoviello 2000:795).
Las patolog铆as intratextuales de la motivaci贸n ser铆an de dos clases: la ilogicidad y la insuficiencia. La distinci贸n entre una y otra es clara, al menos en teor铆a: la 鈥渋logicidad鈥 de la motivaci贸n es un vicio del razonamiento justificativo; la 鈥渋nsuficiencia鈥 de la motivaci贸n es una carencia en la trama expositiva de un razonamiento justificativo de por s铆 correcto.
A la vista de que la motivaci贸n es una trama argumentativa que tiene una estructura l贸gica (deductiva e inductiva) y un contenido emp铆rico, y si suponemos que el contenido emp铆rico proviene del proceso y en 茅l se han deslindado ya los elementos atendibles de los que no lo son, queda suficientemente acotado el 谩mbito de las patolog铆as que nos van a ocupar; a saber: la existencia y la racionalidad de los argumentos utilizados (para validar los elementos de prueba valorados como atendibles, para relacionarlos entre s铆, y para inferir de ellos las conclusiones que correspondan) as铆 como la relaci贸n entre tales argumentos.
1. Todas las carencias relativas a la existencia de argumentos cabr铆an ser agrupadas bajo la r煤brica de la 鈥渋nsuficiencia鈥. Entremos en alg煤n detalle.
A) En otro lugar, a prop贸sito de la 鈥渙misi贸n de una prueba decisiva鈥, se insisti贸 en que no todos los datos dimanantes del juicio suelen merecer atendibilidad y que, por ello, ha de valorarse cu谩les se hacen acreedores a ella y cu谩les no.
Pues bien, con frecuencia ocurre que a la mencionada valoraci贸n (sea positiva o negativa) no la acompa帽a ning煤n argumento que la justifique. Entonces, a lo sumo se sabe (si se sabe) que tales elementos de prueba han sido considerados como atendibles y tales otros no; pero se desconoce la raz贸n, el por qu茅. Es un caso de 鈥渕otivaci贸n insuficiente鈥.
B) Tambi茅n sucede, as铆 en las pruebas indiciarias, que los elementos de prueba (incluso justificadamente acreditados como atendibles) sirven para probar hechos que necesitan ser enlazados con otros hechos a trav茅s de inferencias (鈥渕谩ximas de experiencia鈥, por lo com煤n). A veces no es necesario expresarlas porque se basan en criterios que han entrado en nuestro patrimonio cultural y se aplican de manera autom谩tica. Ahora bien, cuando el criterio que sirve de inferencia no funciona tan mec谩nicamente, es preciso sacarlo a la superficie de la motivaci贸n. Y, precisamente, estamos ante 鈥渆l caso t铆pico de motivaci贸n insuficiente cuando no se explicitan las m谩ximas de experiencia utilizadas鈥 (Iacoviello 1997:282).
C) Y, particularmente en las pruebas indiciarias, a menudo se constata tambi茅n un vac铆o argumentativo en lo tocante a la valoraci贸n conjunta de los medios de prueba. Por ejemplo, ante un cuadro indiciario, rara vez se hace el esfuerzo de razonar c贸mo mediante la articulaci贸n de los indicios ya acreditados se llega a la conclusi贸n a la que se ha llegado. Prevalece la costumbre de abandonar esa tarea a la impresi贸n, al convencimiento intuitivo del juzgador (que no se argumenta). Una muestra m谩s de 鈥渕otivaci贸n insuficiente鈥.
2. Todo cuanto contravenga la racionalidad de los argumentos pertenece al 谩mbito de la 鈥渋logicidad鈥; t茅rmino que requiere alguna aclaraci贸n (Iacoviello 1997:294-298), a la que reservaremos este breve apartado, antes de proceder a especificar esa patolog铆a con algunas ilustraciones.
Llamar谩 quiz谩s la atenci贸n el que se prefiera la palabra 鈥渋logicidad鈥 a otra m谩s tradicional y difundida como es 鈥渃ontradictoriedad鈥. Eso se debe a que el concepto de 鈥渃ontradictoriedad鈥, en cuanto propio de la l贸gica formal, es demasiado estrecho para abarcar la variedad de vicios l贸gicos que puede propiciar el razonamiento judicial (la 鈥渃ontradictoriedad鈥 es uno de ellos nada m谩s y no conviene tomar la parte por el todo). En el razonamiento formal no cuenta el contenido de las premisas sino la compatibilidad de las premisas y la coherencia de 茅stas con la conclusi贸n. En 茅se, por tanto, no hay lugar para la verdad hist贸rica de las premisas f谩cticas, ni para el fundamento emp铆rico de los criterios de inferencia, ni para estimar su grado de probabilidad, etc茅tera. En el razonamiento probatorio claro que importa el contenido de las premisas; de modo que la 鈥渃ontradictoriedad鈥, aun siendo por supuesto una patolog铆a del razonamiento, no es la 煤nica. El espectro de patolog铆as es m谩s amplio: la equivocaci贸n en las m谩ximas de experiencia, la atribuci贸n de una probabilidad que no les corresponde, la existencia de otras m谩ximas alternativas m谩s adecuadas, etc茅tera.
3. La 鈥渕otivaci贸n il贸gica鈥 se manifiesta sobremanera en el 谩mbito de las inferencias (particularmente de las 鈥渕谩ximas de experiencia鈥). Centr茅monos en ellas.
A) Las 鈥渕谩ximas de experiencia鈥 pretenden ser generalizaciones emp铆ricas. Pero, de hecho, bajo esa denominaci贸n suelen mezclarse 鈥済eneralizaciones atendibles junto con ilaciones sin fundamento, valoraciones morales y prejuicios, refranes de la sabidur铆a popular, residuos de recuerdos escolares, ideas inducidas por los mass media, vulgarizaciones cient铆ficas de todo g茅nero, etc.鈥 (Taruffo 2009:441-445); por lo que es patente el riesgo de usar (presuntas) m谩ximas sin ninguna base emp铆rica, o consideradas obsoletas por la 鈥渃ultura media鈥, o en contradicci贸n con alguna otra m谩xima, o contraria a alg煤n conocimiento cient铆fico. De donde, en cualquiera de estas situaciones, la argumentaci贸n no puede ser calificada de 鈥渞acional鈥.
B) Ha de contarse igualmente con una nueva contingencia: que ante un dato indiciante sean aplicables dos m谩ximas de experiencia (no contradictorias entre s铆, ni contrarias a la ciencia, y aceptadas en el entorno cultural) que conducen a conclusiones distintas. En tal circunstancia habr铆a que elegir la que mejor se adapta a las caracter铆sticas del caso concreto; quiz谩s porque es desigual la amplitud de sus respectivas base emp铆rica y/o tasa de regularidad observada; o porque, siendo las m谩ximas criterios generales constelados de excepciones, en una situaci贸n particular parezca m谩s probable la excepci贸n que la regla; o porque, trat谩ndose de delitos espec铆ficos (p.ej. cr铆menes mafiosos, blanqueo de capitales, fraudes fiscales /cfr. E. Fassone 1993:263-269/), las m谩ximas a utilizar hayan de ser espec铆ficas y no las habituales; etc茅tera. Como puede colegirse, se trata de un campo abonado para los errores en la selecci贸n de la m谩xima m谩s apropiada. Y salta a la vista que no es racional la argumentaci贸n basada en un criterio inadecuado (o menos adecuado que otro).
C) Aun acertando con las inferencias (o con las m谩ximas) preferibles, quedar铆a por estimar cu谩l es el grado de probabilidad que aqu茅llas confieren a la conclusi贸n alcanzada (cuesti贸n importante cuando es alto el est谩ndar de prueba requerido, como en el proceso penal). En esa tarea ronda el peligro de p.ej. absolutizar indebidamente el criterio inferencial excluyendo toda excepci贸n (鈥渟iempre se encontrar谩n part铆culas de nitratos y nitritos en la mano de quien ha disparado una pistola鈥), o de atribuir a la inferencia un grado de probabilidad que no le corresponde (鈥渟i dos escritos poseen numerosos elementos similares, es que proviene de la misma mano鈥), o de pensar que con la mera acumulaci贸n (inarticulada) de m谩ximas de experiencia se construye un nexo inferencial completo (no reparando en los resquicios que a煤n quedan por tapar), etc茅tera. Huelga decir que no es racional la argumentaci贸n que yerra al estimar el vigor de las inferencias que utiliza.
4. Cuanto precede es aplicable a la estructura de una argumentaci贸n que, a partir de unos datos, permite llegar a unas conclusiones mediante el uso de las inferencias adecuadas. Ahora bien, por lo regular la motivaci贸n de una sentencia no consiste en una 煤nica argumentaci贸n as铆 de simple sino en un conjunto de argumentaciones. Y perfectamente puede ocurrir que, dentro de ese conjunto, se detecte la presencia de dos argumentaciones incompatibles entre s铆. Si as铆 fuera, bien podr铆a hablarse de 鈥渕otivaci贸n contradictoria鈥 (aunque no toda incompatibilidad implica una contradicci贸n; pero dej茅moslo estar por ser 茅se el uso m谩s propagado de la expresi贸n).
Dentro de este g茅nero de patolog铆a merece una menci贸n la especie de 鈥渃ontradicci贸n manifiesta鈥. En el art. 851.1 LECrim. espa帽ola se alude a ella, aunque referida a los 鈥渉echos鈥 y no a los razonamientos (鈥淐uando en la sentencia no se exprese clara y terminantemente cu谩les son los hechos que se consideren probados, o resulte manifiesta contradicci贸n entre ellos鈥︹). Como un trasunto del citado precepto, y por derivaci贸n de 茅l, se habr铆a extendido a la motivaci贸n ese grado superlativo de la patolog铆a (tambi茅n habr铆a, por tanto, una 鈥渕otivaci贸n manifiestamente contradictoria鈥). Tal traslaci贸n parece darse en el voto particular a la espa帽ola STC 192/2005 en el que, a la pregunta sobre cu谩l es el grado de 鈥渃ontradicci贸n鈥 necesario para anular una sentencia absolutoria, se responde que una contradicci贸n 鈥渆specialmente manifiesta鈥. Esto pide alg煤n comentario.
Lo determinante en asunto de control no es la desnudez con la que se exhibe el error sino la mayor o menor incontrovertibilidad de 茅ste. Ser铆a parad贸jico que una contradicci贸n detectada s贸lo fuera relevante si la hubiera mostrado sin tapujos el juez que redact贸 la motivaci贸n y, en cambio, se convirtiera en irrelevante si aqu茅l tuvo la sagacidad de disimular la contradicci贸n entre los pliegues de una motivaci贸n sinuosa. M谩s todav铆a. El mismo significado literal del t茅rmino 鈥渕anifiesta鈥 (en cuanto sin贸nimo de 鈥渃lara鈥, 鈥渆vidente鈥, 鈥渙stensible鈥, 鈥渘otoria鈥) adolece de una irreprimible relatividad (pues depende de 鈥渕anifiesta 驴para qui茅n?鈥).
Posiblemente la palabra 鈥渕anifiesta鈥 denotar铆a el self-restraint que el legislador quiere imponer al tribunal de casaci贸n; de modo que el calificativo 鈥渕anifiesta鈥 no se explicar铆a en funci贸n de la patolog铆a (respecto de la patolog铆a, la distinci贸n pertinente se establece entre contradicciones 鈥済raves鈥 y 鈥渕enos graves鈥, no entre contradicciones 鈥渕anifiestas鈥 y 鈥渙cultas鈥) sino atendiendo a la naturaleza del control casacional (se controlan aquellas contradicciones cuya detecci贸n no requiere exploraciones profundas). Aunque 驴qu茅 sentido tendr铆a una norma que impone al juez un l铆mite objetivamente indiscernible y, al mismo tiempo, otorga al mismo juez el poder de fijar el contenido de tal l铆mite? 鈥溌縉o es ilusorio pensar que este juez 煤ltimo 鈥搎ue controla y no es controlado- se autolimite hasta el punto de dar el sello de lo definitivo a una sentencia que no le persuade?鈥 (Iacoviello 1997: 302).


REFERENCIAS BIBLIOGR脕FICAS

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