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Lo humano y lo jurídicamente humano

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Lo humano y lo jurídicamente humano

Lo humano y lo jurídicamente humano

posted in Artículos de Opinión by Super User

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Federico Londoño Mesa.*

La “Misión del derecho penal es producir, deducir y solucionar casos, entendiéndose aquí por caso simplemente algo que acaece y tiene consecuencias específicamente jurídico-penales”1.

Hablamos constantemente de la necesidad de humanizar el derecho y la forma de aplicarlo, de pensar en el otro, por el otro y para el otro, pero olvidamos que aquellos a quienes buscamos regular son nuestro par y, al igual que “juristas” y “jueces”, destinatarios de las ficciones sociales y comunitarias que llamamos “ley” … somos también humanos.

Esto nos lleva a que tengamos que pensar en ¿qué es un jurista? Y ¿qué es un juez?, entendiendo por aquellos a los “(…) obreros del derecho (…) los que fabrican el derecho.”2Y, por estos, los designados comunitariamente para ser la voz misma de la ley3. Tanto los primeros como los segundos han sido destinados por sus congéneres para fabricar las ficciones que nos permitan sentirnos seguros a través de la regulación y generarnos la sensación de ser una sociedad que cumple su fin, convivir bajo ideales de justicia al sancionar a aquellos que alteran su estabilidad.

Ahora, preguntarnos ¿qué es lo deseado? ¿en qué consiste nuestro ideal de justicia? Y, lo más importante ¿quién decide qué es lo debido? Implica examinarnos como sociedad, evaluar la función que cada uno de nosotros cumple dentro de esta, sin que importe nuestra ocupación o profesión, pero sí, nuestras acciones y las consecuencias de estas; vivir en comunidad es una decisión igual de importante que decidir cómo nos regularemos y respetaremos.

Lo anterior nos tiene que llevar a pensar en la primera de “Las reglas infernales” de las que nos habla Günther Anders cuando en 19884 le dirige las siguientes palabras a un Klaus Eichmann (nacido y criado en medio de la opulencia moral de los grupos de poder del tercer Reich en la Alemania Nacionalsocialista – 1936 -) que están vigentes para nuestra realidad actual:

Regla: si aquello a lo que propiamente habría que reaccionar se torna desmesurado, también nuestra capacidad de sentir desfallece. Ya afecte esta “desmesura” a proyectos, logros productivos o acciones realizadas, el “demasiado grande” nos deja fríos, o mejor dicho, ni siquiera fríos (pues la frialdad sería también una forma de sentir), sino completamente indiferentes: nos convertimos en “analfabetos emocionales” que, enfrentados a “textos demasiado grandes”, son ya incapaces de reconocer que lo que tienen ante sí son textos. Seis millones no es para nosotros más que un simple número, mientras que la evocación del asesinato de diez personas quizá cause todavía alguna resonancia en nosotros, y el asesinato de un solo ser humano nos llene de horror.

(…)

… este desfallecimiento hace posible la repetición del horror … 5

Y es que mientras aumentan los hechos atroces nuestra capacidad de sentir disminuye y la empatía, alteridad y hasta la mal llamada humanidad se adormece ante la indolencia y la atrocidad; de ahí que creemos lo que denominaremos como JURÍDICAMENTE HUMANO o, aquello que creamos debe ser la forma de regularnos y limitarnos sin afectar a los demás.

La construcción de lo humano, permitido, deseado, soñado, añorado y hasta prohibido a partir de categorías jurídicas, dista en nuestra realidad actual del concepto mismo de humanidad como conceptualización inherente a nuestra especie desde el punto de vista naturalístico o, ¿por qué deben entonces las mujeres luchar por sus derechos si pertenecen al mismo grupo que las discrimina? Únicamente por la determinación de etiquetas creadas por grupos de poder e intereses subjetivos y torticeros que se alejan de toda ética factual al interior o no de todo proceso de construcción social, es decir, por la decisión jurídicamente humana de dividir, dominar y, a través de la fuerza, imponer en beneficio de unos por sobre otros.

Se transforma entonces en un límite a los ideales mal llamados humanistas, aquellas decisiones que parten de grupos de poder que dominan la idea de sociedad e infunden en nuestro diario vivir la idea de generalidad, de abstracción, de racionalidad y hasta de ponderación; ya que “nuestra capacidad de sentir disminuye con el aumento de la mediación de nuestra actividad y con el incremento de la magnitud de los efectos de nuestras acciones6(…)

Es entonces lo humano una construcción jurídica más, que nos permite sentirnos como parte de algo que está regulado, protegido y hasta vigilado, so pena de sanción a partir de las construcciones de juristas y su aplicación por parte de los jueces.

Es así como la conducta de nuestra especie en el marco de lo social termina estando etiquetada o rotulada como desviada o desvalorada (norma penal) o deseada (regulación civil, laboral y hasta administrativa); siendo entonces el legislador quien tiene en sus “manos” la función de crear la ley y el juez la de aplicarla.

Ahora bien, este sistema se basa en la responsabilidad de cada una de las partes del mismo, es decir, de todos los actores del tejido social a quienes les es exigible la evaluación constante de los efectos de su actuar, de las consecuencias de sus omisiones y de las implicaciones de su subjetivismo e individualismo7, sin que esto deje de ser también humano, es decir, somos una especie más que, a partir de lo que denominamos como razón y mediando la capacidad de comunicarnos, decidimos auto etiquetarnos como humanos y a partir de ficciones regularnos como tales (de ahí lo jurídicamente humano).

Somos humanos porque decidimos serlo y nos regulamos de la manera en que lo hacemos porque así lo hacemos, de ahí que la disciplina/ciencia jurídica implique su revisión constante a partir de la evolución del grupo social en contexto y de cara al entorno en que se analice y, tristemente, a partir de tensiones de grupos parcializados y hasta autocráticos que ostentan el “poder” de regulación de conductas, tal y como ocurre con el legislador.

Y es que nos aterra la violencia, la guerra, la sangre, el despropósito de las acciones, los costos excesivos de algunos productos, la opulencia de otros y la indolencia ante el dolor ajeno; pero permitimos que nuestros obreros del derecho nos regulen bajo claras representaciones de poder que nacen de los grupos que lo ostentan y a los que algunos añoran pertenecer incluso renunciando a sus ideales y a la protección social que de forma ficta tratan de manifestar en voz alta para convencerse a ellos mismos de estar actuando bien, cuando en realidad, solo se protegen a ellos mismos bajo la ficción de fuerza ególatra que surge del etéreo poder.

Puede afirmarse, en consecuencia, que el derecho es realmente una construcción “humano-social” que implica el uso de fuerza institucionalizada y democráticamente permitida por el pueblo (constituyente primario) para que unos cuantos, en representación de estos, decidan y guíen sus designios, esto es, en pro de sus intereses como una suerte de decisión económica en busca de la satisfacción de sus necesidades; es entonces el derecho una forma humana que parte de la comunidad de regularse, autorregularse y limitarse desde comportamientos deseados por mayorías y permitidos por estas desde la construcción realizada por aquellos a quienes llamamos juristas.

Esto nos debe conducir a pensar en dos aspectos de cardinal importancia: primero, lo humano que deseamos sea el derecho y lo jurídicamente humano que decidimos sea la ley y, segundo lo que añoramos represente aquella persona encargada de ser la voz de la ley por designación social y su conocimiento de la justa medida de la sanción y la decisión judicial; y es que tanto el derecho como la justicia no son más que parte de la ficción que representa el ideal de regulación para la vida en sociedad.

Añoramos que tanto el jurista como la voz de su creación se guíen en su actuar por la rectitud de un hombre que fue capaz de blandir la espada contra los enemigos, de evaluar las consecuencias de sus actos y buscar la justa sentencia para aquellos que actuaran fuera de la ley del hombre; que sigan el camino trazado por aquel que tuvo la fuerza de sacrificarse para conocer la “medida de la vara” que implica administrar justicia y, por último, renunciar a las ficciones sociales para ser olvidado por su mismo pueblo.

Se habla aquí de Virata, aquel personaje que Stefan Zweig nos retrata en su obra “Los ojos del hermano eterno” como a quien su misma gente enalteció con los cuatro nombres de la virtud durante su vida: “El rayo de la espada” en la guerra; “la fuente de la justicia” como voz de lo humano y lo jurídicamente humano, “El campo del buen consejo” al guiar a otros, sin quererlo y, al final de su vida, como “La estrella de la soledad”, al fallecer en el olvido por buscar la verdadera virtud que implica ser humano y no solo jurídicamente humano.

La razón por la cual la práctica del Derecho es una profesión, el motivo por el que se remunera a los abogados por asesorar a sus clientes o representarlos en juicio consiste en el hecho de que en sociedades como la nuestra el imperio de la fuerza pública en determinados casos, ha sido confiado a los jueces, y, de ser necesario, todo el poder del Estado habrá de desplegarse para hacer efectivos sus sentencias y decretos. La gente desea saber en qué circunstancias y hasta qué punto correrá el riesgo de hallarse enfrentada con una fuerza tan superior a la propia; esto sólo justifica la consiguiente tarea de determinar los límites más allá de los cuales habrá que temer la materialización del peligro.8

Citas

1 MOÑOZ CONDE, Francisco. Derecho penal y control social. Monografías jurídicas Temis, 1999. Santa Fe de Bogotá – Colombia. P. 2. Citando a Hassemer, Fundamentos del derecho penal, traducción y notas de Arroyo Zapatero y Nuñoz Conde, Barcelona, 1984, passin; y a Wittgestein, Tractus Lógico – Philosophicus, Madrid, 1973, pag. 34.

2 CARNEELUTTI, Francesco. Cómo nace el derecho. Monografías jurídicas Temis, 2004. Santa Fe de Bogotá – Colombia. P. 1.

3 Entiéndase ley en un sentido amplio y holístico, no en el sentido literal de la palabra.

4 Se hace referencia a ANDERS, Günther. Nosotros los Hijos de Eichmann carta abierta a KLAUS EICHMANN. PAIDOS Iberia S. A.- Barcelona 2001.

5 Ibíd. P. 14.

6 Ibíd. P. 15.

7 “(…). Responsabilidas únicamente a la máquina de su falta de imaginación y responsabilidad equivaldría práctiamente a invertir los hechos. (…)”. Cita tomada de ANDERS, Günther. Nosotros los Hijos de Eichmann carta abierta a KLAUS EICHMANN. PAIDOS Iberia S. A.- Barcelona 2001. P.15.

8 WENDDDELL HOMES, Oliver. La Senda del Derecho. Abeledo Perrot – Buenos Aires Argentina. P. 14.

#YoEscriboYoLeoDerecho

* Abogado de la Universidad de Medellín. Especialista en Derecho Procesal Contemporáneo y Magister en Derecho Procesal de la misma institución. Con estudios en Derechos humanos en la Personería de Medellín y en Sistema Penal Acusatorio con la Agencia de Estados Unidos para el desarrollo Internacional (USAID) y el Departamento de Justicia de los Estados Unidos (DOJ). Litigante en derecho sancionatorio con especial dedicación en Sistema Penal Acusatorio. Docente Universitario en derecho penal sustancial y adjetivo en pregrado y posgrado; articulista y conferencista nacional en temas penales e internacional en 2012 con la Escuela Nacional de Capacitación de la Contraloría General del Perú y recientemente con la Fiscalía Superior de Huánuco, Perú.

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