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Por: Mónica Alejandra León G.*

“El cambio no solamente es necesario en la vida,
es la vida misma”.
-Alvin Toffler-

Cuando se habla de Blockchain resulta imperioso resaltar que es una de las tecnologías más disruptivas de los últimos tiempos, su eficiencia almacenando información de manera segura y volviéndola inalterable, hace que se esté consolidando como uno de los medios para negociar con criptomonedas -como es el caso de Bitcoin-, para garantizar que se ejecuten contratos en los términos pactados y para implantar cambios en las actividades estatales y comerciales.

Como cadena de bloques que es, el Blockchain encripta información con tecnología sofisticada garantizando su inalterabilidad, de allí su éxito en materia de criptoactivos. No obstante, el sistema de Blockchain ha extendido su aplicación a diferentes áreas como lo son la ingeniería civil, los negocios inmobiliarios, las labores de auditoría y certificación, y las licitaciones públicas.

En la ejecución de contratos de obra es común que surjan problemas respecto del hormigón (concreto) y se derive en controversias relacionadas con que los componentes sean los pactados, que la resistencia no varíe en el tiempo en el que sale de la planta y arriba a la obra, que la cantidad suministrada corresponda a la prevista en el contrato, entre otros. Con el fin de hacer ese control de calidad en el suministro, en Europa algunas compañías de construcción han implementado el Blockchain para hacer este control de calidad pues así puede asegurarse el cumplimiento de las condiciones pactadas en el contrato, así como la composición del hormigón y su eventual alteración, dado que la información que se registra desde el proceso de producción del hormigón estará encriptada en la cadena de bloques y el hash identificador actúa como una huella digital casi imposible de alterar.

Dejando de lado los beneficios que ello tiene para el suministrador del hormigón y para el constructor, el uso del Blockchain en la ejecución de contratos de obra tienen un impacto a nivel jurídico muy importante, por ejemplo, en la determinación de incumplimientos contractuals, en la valoración de los medios de prueba del hormigón (su suministro y componentes) en donde ha habido uso de Blockchain e incluso en la celebración y ejecución de smart contracts (contratos inteligentes) no solo en el campo de la ingeniería, entre otros.

El Blockchain ha llegado también al mercado inmobiliario, una de las compañías pioneras en ello es la empresa española Metrovacesa, que viene haciendo una “tokenización de la actividad inmobiliaria” -usando la expresión de los españoles-, puntualmente lo que se hace es fragmentar el valor de un inmueble en tokens -los cuales se emiten, enajenan y perciben ganancias con la estructura de Blockchain-. Al dividir el monto del activo en tokens, se puede ser propietario de parte de un inmueble y a su vez percibir ganancias sobre el mismo, de manera que entre más tokens se tengan, mayor es la utilidad.

Este esquema inmobiliario representa beneficios importantes como el acceso a la propiedad de bienes respecto de los cuales no se tiene capacidad económica para ser adquiridos, o incluso el poder percibir una utilidad -representada en el número de tokens que se tenga- sobre un inmueble en donde no se es propietario del 100%, entre otros. Este nuevo modelo de negocio hace que los retos jurídicos sean aún mayores, especialmente en la regulación de obligaciones o solución de controversias relacionadas con el ejercicio de los derechos reales por parte de los titulares de los tokens o la toma de decisiones relacionadas con el inmueble -solo por enunciar algunos-.

Las labores de certificación, control de calidad, manejo y aseguramiento de información privada o pública, visado de proyectos, e incluso las desarrolladas por los fedatarios públicos, son actividades a las que ya se está implementando la tecnología Blockchain. Gran éxito ha tenido el Colegio de Aparejadores de Madrid en su labor de identidad digital de la información, trazabilidad de la misma y visados, y aunque la labor está centrada principalmente en verificar y acreditar la validez de cualquier proyecto -y la información de este-, este sistema podría ser extendido a las labores de fedatario público ejercidas por las Notarías, esfera en la cual -desde ya- se pueden vislumbrar los múltiples desafíos que ello va a comportar para nuestra sociedad y para el ejercicio de la profesión jurídica.

Otro caso con impacto jurídico de aplicación de Blockchain es el de las licitaciones públicas, esta tecnología está presente en las cuatro fases del proceso licitatorio, a saber, i) la creación de la licitación -etapa en la que el gobierno elabora las condiciones técnicas, jurídicas y financieras del proyecto con información protegida-, ii) la presentación de las huellas -que consiste en la asignación de huellas a cada oferta que se presentará por los interesados, identificada con un hash único (huella digital) y que protege toda la información de la posterior oferta-, iii) la presentación de ofertas -que se hace de forma digital y está identificada con el hash de cada participante-, y iv) la valoración de la oferta -que es la fase en la que se realiza la calificación de los criterios respectivos de forma automática-.

El Blockchain en procesos licitatorios ha sido exitoso en gobiernos como el de Aragón (España) donde se han adjudicado 24 proyectos y ha representado ventajas notables en términos de agilidad y transparencia. Al ser un sistema completamente automático en el cual -como un gran beneficio- nadie conoce el contenido de la oferta económica, el mismo se consolida como pionero en la lucha contra la corrupción y en la celeridad del proceso mismo. La implantación de un sistema así en nuestro ordenamiento jurídico tendría un impacto sumamente positivo en todo sentido, pero es exigente en términos de recursos económicos, de capacitación del talento humano, por supuesto en materia regulatoria licitatoria y en la forma en la que se dirimirían eventuales disputas.

La transformación digital no es el futuro, es el presente, es lo que desde ya se vive en distintas latitudes, y la aplicación del Blockchain en diversos casos -como los aquí anotados y otros- son muestra de consecuencias positivas que se traducen en términos de utilidad, practicidad, rentabilidad, agilidad, seguridad y transparencia.

Existen dos formas de ver este cambio tecnológico, como un tren que avanza justo frente a nosotros para atropellarnos, o como la oportunidad de crear y desarrollar un contexto regulatorio propicio para subirnos al tren y conquistar nuevos horizontes en materia jurídico negocial. Los retos son inmensos y casi infinitos, por ello es necesario recorrer los pasos de la transformación digital, pues en palabras de Couture, “[e]l derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado”.


*Abogada y Máster en Derecho con énfasis en Derecho Procesal de la Universidad Externado de Colombia. Miembro del Instituto Colombiano de Derecho Procesal. Becaria de la OEA para el Máster en Asociaciones Público Privadas. Docente, Investigadora y Directora del Observatorio constitucional de normas procesales de la Universidad Externado de Colombia. Se ha desempeñado como directora del área de litigios y arbitraje en firma de abogados, así como Secretaría General y Directora Jurídica en Concesiones de vías 4G. Litigante y Consultora.

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